En febrero de 1958, Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial de Fórmula 1, protagonizó una de las anécdotas más insólitas de la historia del automovilismo: fue secuestrado en La Habana por guerrilleros que luchaban contra el gobierno de Fulgencio Batista.
Un campeón en La Habana
Fangio, nacido en Balcarce en 1911, había ganado los campeonatos de 1951, 1954, 1955, 1956 y 1957. Estaba cerca del final de su carrera, que terminaría ese mismo año. Había viajado a Cuba para el Gran Premio, una carrera que había ganado en 1957.
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El secuestro en el hotel
El hecho ocurrió en el Hotel Lincoln, en vísperas de la carrera, que se corría el domingo 24 de febrero. La mayoría de las fuentes ubican el secuestro el 23 de febrero. Según el relato más repetido, un joven armado se le acercó en el lobby, le dijo que pertenecía al Movimiento 26 de Julio, la organización de Fidel Castro, y que debía acompañarlo.
Algunas crónicas identifican a uno de los captores como Manuel Uziel, y mencionan a Faustino Pérez como responsable de la operación. Los relatos no coinciden del todo en los nombres.
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El motivo
El objetivo era político: si la carrera se suspendía o perdía a su gran figura, el gobierno de Batista quedaría en ridículo. No se buscaba dinero ni hacerle daño al piloto.
Cómo fue su cautiverio
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Según contó el propio Fangio, lo trataron bien. Lo llevaron por varias casas, entre ellas una en el barrio de El Vedado, y pudo seguir la carrera por radio y televisión.
La carrera y la tragedia
La carrera se corrió igual. El piloto cubano Armando García Cifuentes, al volante de un Ferrari, perdió el control en una pista con aceite y se metió entre el público. Las fuentes hablan de varios muertos y más de 40 heridos, pero la cifra exacta de víctimas varía según el medio, por lo que se recomienda tomarla con cautela.
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La liberación
Terminada la competencia, Fangio fue entregado en la embajada argentina en La Habana. Los captores buscaron que llegara a un lugar seguro para que las fuerzas de Batista no pudieran dañarlo y culpar a los rebeldes.
Sobre la duración del cautiverio hay discrepancias: algunas fuentes hablan de unas 29 horas y otras de hasta dos días. Lo que se sabe es que fueron más de un día.
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Su reacción
Fangio no mostró rencor. Se le atribuyen declaraciones en el sentido de que, si lo que hicieron los rebeldes era por una buena causa, él, como argentino, lo aceptaba. Con el tiempo también dijo que el secuestro quizás lo salvó de correr con un Maserati que no estaba en buenas condiciones y de verse involucrado en el accidente.
Un final inesperado
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Batista cayó en enero de 1959 y el Gran Premio de Cuba de ese año se canceló. Décadas después, en 1981, Fangio, ya como embajador de Mercedes-Benz, fue recibido con honores por Fidel Castro en La Habana.
La historia inspiró la película argentina Operación Fangio, de 1999.