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Un astrónomo argentino tardó una década en confirmar el planeta más joven jamás descubierto y lo comparó con la Odisea

Lucas Cieza lideró la investigación que confirmó la existencia de un planeta gigante de menos de un millón de años
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Un astrónomo argentino tardó una década en confirmar el planeta más joven jamás descubierto y lo comparó con la Odisea Foto: Redacción Top Dato.
Un astrónomo argentino encabezó uno de los hallazgos más llamativos del año en materia de astrofísica: la confirmación de Elias 2-24 b, el planeta más joven conocido hasta ahora, con una edad estimada de menos de un millón de años. El trabajo, publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters, es la conclusión de una investigación que llevó casi una década completa.

 

El protagonista del hallazgo es Lucas Cieza, profesor del Instituto de Estudios Astrofísicos de la Universidad Diego Portales, en Chile, que lideró al equipo internacional encargado de confirmar la existencia de este planeta gigante, con una masa comparable a la de Júpiter, ubicado a unos 450 años luz de la Tierra, dentro del disco de gas y polvo que todavía rodea a su estrella en formación.
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Todo empezó en 2017, cuando el radiotelescopio ALMA, instalado en el norte de Chile, detectó un surco extraño en ese disco protoplanetario, una pista que suele indicar la presencia de un cuerpo en formación abriéndose camino entre el gas y el polvo. Las primeras observaciones puntuales, realizadas al año siguiente, no lograron confirmar de manera definitiva la existencia del planeta.

 
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Recién con el correr de los años, al combinar sus propios datos con registros de otros equipos de investigación, entre ellos imágenes captadas por el telescopio Keck en 2018 y 2020, los científicos pudieron confirmar que el punto de luz detectado se movía siguiendo una órbita consistente alrededor de su estrella, lo que terminó de despejar cualquier duda sobre la existencia del planeta.

 

"Fue una verdadera odisea, en sentido figurado y también bastante literal", describió Cieza al repasar el proceso de investigación, en referencia directa al poema homérico. "Tardamos unos 10 años, lo mismo que tardó Odiseo en regresar a su hogar", agregó el astrónomo, en una comparación que rápidamente se viralizó entre la comunidad científica.
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Lo verdaderamente disruptivo del hallazgo no es solo la existencia del planeta, sino su edad. Según los modelos teóricos actuales, un cuerpo con las características de Elias 2-24 b debería necesitar más de cinco millones de años para formarse por completo. Sin embargo, el sistema en el que se encuentra tiene, según las estimaciones, menos de un millón de años de antigüedad.

 
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El dato se vuelve todavía más desconcertante si se tiene en cuenta que el planeta orbita a una distancia equivalente a 55 veces la que separa a la Tierra del Sol, una trayectoria mucho más amplia que la de Júpiter, lo que en teoría debería hacer que su formación fuera todavía más lenta según los cálculos convencionales de la astrofísica.

 

Cieza explicó de manera didáctica cómo cree el equipo que se formó el planeta: "El planeta se formó y creció 'comiendo' el material del surco, como el Pac-Man del videojuego", graficó, en referencia al modo en que el cuerpo celeste fue absorbiendo el material disponible en el disco protoplanetario hasta alcanzar su masa actual.
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El propio astrónomo reconoció que el hallazgo, lejos de cerrar el debate científico, lo profundiza: "El descubrimiento aumenta todavía más la tensión entre la teoría y las observaciones", admitió, en referencia a la brecha cada vez más marcada entre lo que predicen los modelos y lo que efectivamente se observa en el universo.

 
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Como parte del trabajo, un equipo liderado por el investigador del Conicet Santiago Orcajo desarrolló modelos computacionales que lograron reproducir estructuras similares a los anillos y huecos observados en discos protoplanetarios, lo que refuerza la hipótesis de que esas formaciones son en realidad evidencia de procesos de formación planetaria mucho más tempranos y eficientes de lo que se pensaba hasta ahora.

 

De cara al futuro, Cieza confía en que la llegada de nuevos telescopios espaciales, como el Nancy Grace Roman, permitirá detectar otro tipo de planetas jóvenes que hoy resultan indetectables con la tecnología actual, en particular mundos similares a Urano y Neptuno, lo que podría abrir una nueva etapa en el estudio de cómo se forman los sistemas planetarios.
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El hallazgo, además de su valor científico, volvió a poner en el mapa internacional a la astronomía hecha por científicos argentinos, en un área donde el país viene sosteniendo una tradición de investigadores reconocidos a nivel mundial pese a las limitaciones presupuestarias que suele enfrentar la ciencia local.
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