La actividad industrial cayó 5,7% interanual en agosto y 0,3% frente a julio, según los datos difundidos esta semana. En los primeros ocho meses de 2026 el sector acumula un descenso de 3% y sigue casi 11% por debajo de los niveles de 2022-2023.
Los rubros más castigados son maquinaria y equipamiento eléctrico, con caídas que rondan el 27% al 31% interanual, y los bienes durables, que retroceden 21% en lo que va del año. Textiles e indumentaria bajaron 15,9% en julio.
También la construcción marca debilidad: los despachos de cemento cayeron 5,1% mensual y están 26% por debajo de 2022.
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No todo es negro. La refinación de petróleo creció más de 8% interanual, empujada por Vaca Muerta, y la producción automotriz mostró una recuperación mensual de 6,3%. Los bienes de consumo esencial, como farmacia e higiene, suben apenas 1,1% en el año.
La Unión Industrial Argentina atribuye el mal desempeño a una demanda interna debilitada, menor inversión productiva y una obra pública muy retraída. Desde el Gobierno, en cambio, defienden la apertura y sostienen que la economía está en un proceso de reordenamiento, con sectores ganadores y otros que deben adaptarse.
El ejemplo más visible es el textil. Jutex, una fábrica de Munro que confeccionaba para marcas como Rapsodia, Portsaid, Le Utthe, Jazmín Chebar, Desiderata y otras, pidió el concurso preventivo en julio. Sus deudas superan los $ 700 millones e incluyen decenas de cheques rechazados y compromisos con bancos como Galicia, Nación y Provincia. Unos 100 trabajadores dependían de la planta.
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Los números del sector son contundentes. Entre diciembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron casi 27.000 puestos textiles, un tercio de todo el empleo industrial destruido en ese período, según datos de la Fundación ProTejer. La entidad calcula que cierran unas 2,5 empresas del rubro por día.
Otras compañías también entraron en concurso o cerraron: hay casos en Córdoba, La Rioja, Tucumán y el conurbano bonaerense, con cientos de despidos. La capacidad instalada ronda el 46% y las importaciones de prendas terminadas crecieron 65% en volumen este año.
Muchos fabricantes eligieron pasarse a un modelo de importación. Para los empresarios del sector, la combinación de menor consumo, costos altos y competencia externa vuelve inviable producir localmente.
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La incógnita es cuánto puede aguantar la cadena. Con el consumo flojo y la política económica sin cambios a la vista, el sector espera un repunte que, por ahora, no llega.