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Los argentinos que pagaron con su vida el 11 de septiembre: una historia que pocos recuerdan

Tres estaban dentro de las torres y dos llegaron a rescatar; descubrí sus caminos y el legado que dejaron.
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Los argentinos que pagaron con su vida el 11 de septiembre: una historia que pocos recuerdan Foto: Redacción Top Dato.
El atentado contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 dejó cerca de 3.000 víctimas fatales de más de noventa nacionalidades. Entre ellas hubo cinco argentinos: Sergio Gabriel Villanueva, Pedro Grehan, Guillermo Alejandro Chalcoff, Gabriela Silvina Waisman y Mario Luis Santoro, todos de entre 28 y 41 años, que habían construido su vida en Estados Unidos. Tres de ellos estaban dentro de las Torres Gemelas cuando se produjeron los impactos; los otros dos se dirigieron al lugar para colaborar con las tareas de emergencia.

Guillermo Chalcoff, de 40 años y desarrollador de software, trabajaba en el piso 97 para la compañía de seguros Marsh & McLennan cuando el primer avión impactó exactamente en el sector de la Torre Norte donde funcionaban sus oficinas; según la reconstrucción de su historia, ninguno de los cerca de 360 empleados que estaban esa mañana en esas oficinas sobrevivió. Un piso más arriba, en el 106, Gabriela Waisman estaba de visita para dar una presentación en nombre de la empresa de software Sybase. Alcanzó a comunicarse por teléfono con su familia mientras el humo avanzaba, hasta que el contacto se cortó tras el segundo impacto. Un piso más abajo, Pedro Grehan, de 35 años, se desempeñaba como broker en la consultora financiera Cantor Fitzgerald; era padre de tres chicos y se había mudado a Nueva York en 1997 tras una oferta laboral.

Los otros dos argentinos no trabajaban esa mañana en las torres: fueron a ayudar. Sergio Villanueva, bombero del FDNY nacido en Bahía Blanca, había terminado su turno a las 8 de la mañana pero volvió a colocarse el equipo para sumarse al rescate; fue visto con vida por última vez en la Torre Norte. Mario Santoro, paramédico rosarino de 28 años, estaba de franco cuando vio desde su casa la nube de humo sobre la ciudad y decidió acercarse para colaborar; murió durante el derrumbe.

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Ninguno de los cinco pudo ser identificado con vida después del colapso de las torres, y en más de un caso —como el de Villanueva— nunca se recuperaron restos. A un cuarto de siglo de la tragedia, sus historias siguen siendo, para muchas familias argentinas, una herida que no cerró del todo.

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